SuperHandball Magazine en MLA
EN PRIMERA PERSONA 4/7/2011

A no despreciar una medalla

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Laura Agena

El seleccionado mayor femenino cayó ante el poderoso conjunto local en la final del Panamericano disputado en Brasil, torneo que clasificaba a tres equipos al mundial de la categoría que se disputará en ese mismo país durante el mes de diciembre. Lejos de ser una derrota más, el abultado resultado habrá resonado hasta en la última de las fibras de las jugadoras argentinas.

Seguramente no fue el final deseado, pero poniendo las cosas en perspectiva, era esperado. Argentina llegaba al certamen como campeón defensor, pero se la jugaba de visitante en un terreno hostil para cualquier albiceleste. Las brasileñas no iban a permitir ser derrotadas en su propia casa y por eso se aseguraron de contar con todas sus figuras.

El dominio brasileño se vio tocado hace dos años cuando Argentina le arrebató el título de campeón en Chile, y volvió a herirse un año más tarde en los Juegos Odesur en Medellín, dónde las albicelestes, esta vez de la mano del actual técnico Miguel Ángel Interllige, se quedaron una vez más con el oro. Las dos victorias en el Luna Park en diciembre pasado parecieron calmar un poco las ansias, pero las ganas de recuperar el trono panamericano con un título, hervían en las venas de las locales.

Antes de tomar cualquier tipo de postura acerca del resultado de este torneo, no se nos debe olvidar un factor de gran relevancia: 13 de las 16 convocadas por el danés Morten Soubak, juegan en las más importantes ligas europeas, mientras que las argentinas desarrollan su carrera en la liga doméstica. A mi entender, ese es el factor más importante en el éxito brasileño.

La profesionalización de sus jugadoras y la acumulación de experiencia a nivel europeo permiten que hoy por hoy, Brasil sea dueño del handball panamericano. Sólo basta remitirse a los resultados deportivos para entender la influencia de este factor. Entre otros logros se destacan: 10 clasificaciones consecutivas a mundiales (mejor puesto 7º en Rusia 2005) y tres apariciones en Juegos Olímpicos (7º puesto en Atenas 2004).

Los argumentos de Brasil son contundentes y pisotean las intenciones de las argentinas, que tardarán en digerir esta nueva derrota que duele en lo más visceral, pero que entiendo, se debe asumir como lo que es: la victoria de un equipo que hoy por hoy, es superior. Nada tiene que ver esto con la preparación del seleccionado nacional, que en un ámbito totalmente amateur, se entrena como un plantel profesional, pero que no logra llenar el espacio irremplazable e importantísimo de una dedicación full time a la disciplina.

Argentina consiguió este fin de semana nada menos que una nueva medalla en un torneo continental y se clasificó para el ecuménico por sexta vez en su historia y quinta consecutiva (1999, 2003, 2005, 2007, 2009 y 2011). A cuatro meses del torneo más importante del año, los Juegos Panamericanos de Guadalajara, no queda otra cosa que seguir trabajando duro, entrenar y analizar rivales.

Mientras tanto, quien piense que la consecución de esta presea Panamericana no es un buen logro, aún no entendió que en la joven historia de este deporte en nuestro país, uno de los mayores méritos, sin quitar la vista de nuestros recursos, pero sin caer en conformismos; está en no haber perdido el lugar que se ganó, siempre arriba de un podio.

Foto (Superhandball): Argentina - Brasil en el Luna Park (diceimbre de 2011).

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