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La Garra 6/7/2017

Sos Leyenda

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Román Bravo

Seguramente, estas líneas tengan cierto grado de subjetividad. El que las escribe es un fan de la protagonista. Pero intentando ser periodista objetivo, debo ser honesto a mí mismo y decir que la persona que el sábado le pone fin a su larga carrera de éxitos en el mundo del balonmano es la mejor jugadora de la historia de nuestro deporte. La más determinante, con una personalidad fuerte si las hay y con un don para destacarse en algo que muchos definen como locura: ponerse delante de 6 rivales a que te muelan a pelotazos. Y atajarlos, claro.

Valentina Kogan, la eterna arquera argentina, abandona la actividad el próximo sábado después de casi dos décadas de handball. De mucho handball y del bueno. Para los amantes de los números quedarán los datos, sus múltiples títulos a nivel local, sus logros con la celeste y blanca y sus porcentajes de atajadas.

Para mí, siempre será la arquera más temida, la que nadie quería enfrentar, la que hacía que se te encoja el brazo, la arquera de La Garra de los 5 anillos, la portera de la clasificación a los Juegos Olímpicos, la que cerró el arco cuando había que cerrarlo en Toronto, la que brilló en Río de Janeiro y la que lloró y nos emocionó el día que dejó de jugar en la selección. La capitana sin cinta, la que aguantó cuando la quisieron bajar, la que se levantó después de las pálidas, la que tuvo su cabeza fría pensando en el handball mientras en su vida personal ocurrían situaciones muy fuertes, todo por cumplir un sueño.

Una atleta, que jugó en Europa, que se cuidaba como profesional, que tenía una mentalidad ganadora en todo momento y que, cuando te atajaba una bola, te achicaba con sus festejos. Una mamá muy especial en un mundo donde todavía hay muros que cuesta tirar, una esposa con valentía en un país con bastantes prejuicios y una jugadora con personalidad en un handball que muchas veces mira para el costado cuando hay nubes negras. Eso es Kogan.

Ojalá que se la aproveche. Ojalá que "no se vaya" del handball, que pueda trabajar cerca de la selección para aportar visiones, ayudar con su experiencia y sumar para nuestro amado deporte. Lo sé, ella tiene ganas. También se que merece un homenaje, como lo tuvo Andrés Kogovsek y como, increíblemente, no lo recibió Su Majestad Eric Gull, el más grande del handball argentino. Habrá que ver cuán grande es la gratitud para una mujer que siempre se mató por nuestro balonmano.

Adiós, Kogan. Nuestro handball siempre te va a extrañar. Sos Leyenda.

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