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Argentinos en el exterior 6/2/2020

Un #QueSeVayanTodos para conocer

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Román Bravo

Se llama Valentina Learreta y juega en el Sporting La Rioja de Logroño, de la División de Honor B de España. Es Argentina y uno de los tantos casos del “Que se Vayan Todos”, aunque seguramente sea uno de los ejemplos menos conocidos. Hasta ahí, nada especial para contar. El dato importante es que se fue a vivir al balonmano profesional con 18 años recién cumplidos, sola, a la otra punta del mundo, a cumplir su sueño. Poco común, no hay muchos antecedentes de una player argentina yendo a jugar con edad juvenil al “mundo del handball pago”. Nos interesamos en su historia, en su valentía y madurez, y la contamos en Superhandball.

“Yo jugaba en Muñiz, tenía 17 años y estaba en el equipo de Primera División que peleaba por subir a la Liga de Honor. A finales del 2017, ascendimos y empecé el 2018 jugando en la máxima categoría de la Femebal. Cuando cumplí 18, a mitad de año, estaba por empezar el Clausura y ahí es cuando me vine a España, solamente jugué 6 meses en LHD”, cuanta desde el frío riojano, cerca del País Vasco, esta central devenida en extremo izquierdo, hoy ya con 19 años y a punto de irse a entrenar.

No la vinieron a buscar, eh. Se armó el sueño solita y forzó su experiencia. “En los últimos años del colegio tenía la duda: o me iba a estudiar fuera de Argentina o me iba a jugar al handball. Empecé a tener muchos minutos en Muñiz con las mayores siendo juvenil y fue allí cuando me agarraron bastantes ganas de ser profesional. Se lo dije a mis viejos, algo que fue un poco complicado, pero me apoyaron. Entonces empecé a buscar club. Contacté dos representantes y uno de España me ayudó. Al poco tiempo me consiguió un equipo que me daba lo que quería. Ni lo pensé, no me importaba la plata, solo quería venir a España a jugar”, añadió Valentina.

Learreta cambió Muñiz por Logroño, Buenos Aires por La Rioja española, cargada de ilusiones y sueños de crecer. Llegó y las cosas le salieron muy bien en su primer año: Se adaptó rápido al equipo y luchó por llegar a la Liga de las Guerreras, el símil de la Liga Asobal en la rama femenina. “Llegué, hice la pretemporada y me acomodé rápido al Sporting. Alcanzamos a jugar la fase de ascenso para estar en la elite, pero perdimos las semifinales. Este año el equipo volvió a ser competitivo y sigue en la parte alta de nuestro grupo, soñando otra vez con una fase de ascenso a la máxima categoría”, aseguró la ex Muñiz.

Quien se pregunte si está acompañada por familiares, la respuesta será negativa. A los 18 años se fue al norte español y vive sin sus padres, con una compañera de equipo en un departamento y solamente cuenta con la visita de su papá unos 15 días al año. “Vivo sola desde un año y medio, con una compañera del equipo. Al principio mi viejo me acompañó, el primer mes, para que me adapte y conozca la ciudad. Ahora viene cada tanto, una semana o un poco más, se queda en otro departamento y me acompaña un poco”, comenta Valentina, quien muestra una gran madurez a sus 19 años para vivir sola, con todo lo que eso conlleva, en una ciudad de más de 150.000 habitantes.

Sueña con algún día jugar en la selección, de hecho, ha mantenido alguna charla ya con los cuerpos técnicos nacionales. Quiere jugar en la Liga Guerreras y va camino a otra fase de ascenso. Cuando la mayoría de las chicas a esa edad vive con sus padres en su casa y quizás no tiene demasiado claro su futuro, Learreta sabe bien lo que quiere: Crecer en el handball y vivir de eso. Nos sacamos el sombrero por su temprana determinación.

Foto: Instagram Valentina Learreta

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