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Champions League 6/6/2017

Vardar, un equipo estrella

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Román Bravo

En esta era moderna del deporte, en la cual donde nos obnubilamos con las estrellas, los genios, los ídolos que venden camisetas y los mega cracks, muchas veces olvidamos que “el todo es más que la suma de las partes”. El Vardar, reciente campeón de la Champions League, es el todo, con muy pocas figuras rutilantes. Y el PSG, subcampeón del Viejo Continente, es una suma de partes fantásticas, perfectas, pero que deja a las claras que no le alcanza para reinar en Europa.

El equipo macedonio se armó así: Tiene un DT que ya cuando era central ejercía de entrenador dentro de la cancha. Raúl González dejó de brillar en el 40x20 para recibirse de ingeniero en el BM Ciudad Real. Era un cerebro para ese gran equipo, el mejor aliado de Talant Dujshebaev, quien podía encargarse con más tranquilidad en otras labores importantes, esas que tenían que ver con lo espiritual en el manejo de grupo, la mística, la estrategia de cada partido y planificación de la temporada. Raúl era un segundo con peso en ese equipo y tiempo después, con otro “ciudadrealeño” al lado como lo es David Davis, demostró lo grande que es como constructor en esta temporada gloriosa, agregándole un gen español a los eslavos.

Tiene, el entrenador español, un arquero de otro planeta. De técnica única en el mundo, Sterbik volvió a recibirse como el número uno, más allá de que use el 16. Arpad es el arquero total, ese del cual sus videos no hay que mostrar a los chicos porque su forma de atajar es irrepetible. La defensa, por su parte, tiene componentes impenetrables. Cañellas, Borozan y Moraes, por citar algunos, ayudan a que el arquero sea figura. Y son grandes responsables de este grandioso título.

Sus extremos vuelan. Dibirov es divino, Shiskarev es muy bueno y Cupic es la muestra perfecta de la superación: perdió un dedo de su mano hábil hace casi 10 años, pero le sobran otros 4 para romperla toda y meter goles que dan campeonatos.

Los 2 zurdos españoles que juegan de laterales son complementarios. Álex Dujshebaev es el hijo de Dios, pero brilla con luz propia y Jorge Maqueda tiene la pasión en la sangre, bien de guerrero Hispano. Y después, en el centro del ataque, tiene a un enano que es un duende hermoso.

Cindric le mostró al mundo, ese que pide a gritos centrales altos y lanzadores, que la llama de Ivano Balic no se apaga. Que esa escuela de centrales, chiquitos y juguetones, todavía sirve. Un jugador infernal. Con una actitud total para la guerra deportiva y con un talento que no entra en un cuerpito que choca (y generalmente gana) en tierra de gigantes.

Igualmente, todos estos nombres propios, o la mayoría de ellos, no son grandes figuras mundiales. Pero arman un equipo maravilloso, que para los especialistas era ya el mejor del mundo antes de la Final Four. Y en Colonia, venciendo al Barcelona y al PSG con 24 horas de diferencia, levantó la bandera de que lo único importante es el equipo. Compuesto por buenos o grandes jugadores, sí. Pero que son un conjunto, que son un todo.

Vardar pateó la billetera y se vistió de galán. Ojo, no tiene un presupuesto chico, pero tampoco cuenta con el marketing de su rival en la final ni de las megaestrellas parisinas. Puso plata en los lugares clave. Tiene un gran técnico, un fantástico arquero, un mágico central y una defensa tremenda. Sumen, queridos amigos, todo eso y el resultado es un equipazo. Top, con T de trabajo. Con T de Todo, ese que es más que la suma de las partes.

Foto: EHF/Uros Hocevar/Richard Walch/Axel Heimken

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